Aprendiendo a comer
Carlos Velázquez
 
Siempre se ha dicho que "somos lo que comemos" y más en el ámbito del deporte. No cabe duda que la correcta nutrición es uno de los factores más importantes para la mejora en el rendimiento deportivo. No hay atajos, pero sí cosas bien hechas.

Las necesidades nutricionales son cualitativamente iguales para deportistas que para gente sedentaria, sólo cuantitativamente hay alguna diferencia pues los primeros imponen grandes demandas a sus reservas de energía y fluidos así para asegurar un rendimiento óptimo deben incrementar su dieta ordinaria.

Hay una serie de consejos genéricos en los hábitos dietéticos que nos pueden ayudar hagamos deporte o no:
   
Comer alimentos variados, que contengan todos los elementos necesarios, carbohidratos, proteínas, sales minerales, vitaminas, fibra...
   
Mantener un peso adecuado tanto para un mejoramiento de la salud como del rendimiento físico.
   
Llevar una dieta baja en grasas para mantener a raya el colesterol.
   
Comer gran cantidad de vegetales, frutas y cereales.
   
Azúcares con moderación.
   
Sal con mucha moderación.
   
Alcohol con muchísima moderación.

Nutrición en el deporte
Como ya hemos dicho, comer bien ayuda a todo el mundo a mejorar la salud, resistencia y energía. La buena nutrición es especialmente importante para todo deportista que desee optimizar sus rendimientos. Incluso una buena genética, preparación física y entrenamiento pueden verse arruinados por una mala alimentación.

Los deportistas, tanto en resistencia como en potencia, obtienen mejor rendimiento con una dieta rica en carbohidratos y baja en proteínas.

Una dieta equilibrada tendría entre el 55 y el 65% de la ingesta calórica de los carbohidratos, entre un 10 y un 15% de proteínas y entre el 20 y 30% de las grasas. Esta dieta debe incluir alimentos de todos los grupos principales, cereales, arroces , pastas, verduras , fruta, carne de ave, pescado, huevos, frutos secos, leche y derivados.

  
Los hidratos de carbono son la fuente más importante de energía durante la actividad física intensa. Se presentan los carbohidratos en dos formas: simples y complejos. Los simples se encuentran en las frutas, zumos, leche, yogures y dulces, mientras que los complejos están presentes en los granos completos, verduras, pastas, arroz y pan.
El cuerpo metaboliza ambas formas de glucosa para las necesidades energéticas inmediatas. Los excesos de glucosa se almacenan como glucógeno fundamentalmente en los músculos y, en un grado menor, en el hígado para carburante del ejercicio. A pesar de ser los nutrientes más importantes, son los que menos se almacenan en el cuerpo. Tras 2 horas de ejercicio intenso u 8 horas de ejercicio moderado se pueden vaciar significativamente sus almacenamientos. Este vaciamiento puede significar fatiga y descenso del rendimiento en los deportistas. Se recomienda una ingesta de hidratos de carbono de unos 6-8 gramos por kilo de peso corporal y día, o un mínimo de 500 gramos por día, especialmente para deportistas de resistencia. Hay que tener en cuenta que consumir carbohidratos después del entrenamiento optimiza la recuperación.

  
Las proteínas son necesarias para construir y reparar los músculos, ligamentos, tendones y otros tejidos. No se utiliza como fuente especial de energía. Menos del 10% de la energía utilizada durante el ejercicio deriva del metabolismo proteico. Los deportistas necesitan entre 1 y 2 gramos de proteínas por kilo de peso corporal al día. Sólo una cantidad limitada de proteínas es necesaria para la reconstrucción tisular. Su exceso se convierte en grasa. Si la ingestión de carbohidratos es insuficiente, el cuerpo utiliza las proteínas para producir energía. En tales casos el cuerpo comenzará a perder masa muscular. Una pequeña ración de alimento rico en proteínas en cada comida es suficiente para mantener una actividad deportiva y cumplir con los requerimientos corporales.

  
La grasa es la fuente de energía más concentrada de los nutrientes. Se clasifican en saturadas y no saturadas (poliinsaturadas y monoinsaturadas). Los ácidos grasos saturados (grasa de la carne de vaca, cerdo, cordero, aves, productos lácteos, aceites de coco y palma, chocolate) tienden a aumentar los niveles de colesterol en sangre. Las grasas saturadas no deben representar más del 10% de la ingesta calórica diaria. Las grasas poliinsaturadas derivan principalmente de los aceites vegetales, trigo, soja y girasol, y de los aceites de pescado. Los aceites monoinsaturados se encuentran en el aguacate y en los aceites de oliva y frutos secos.
La mayoría de nosotros tenemos suficiente grasa y sólo necesitamos consumir cantidades mínimas. Además de proveer energía, la grasa proporciona aislamiento y protección contra los impactos, transporta ciertas vitaminas (A,D) y proporciona ácidos grasos esenciales. Como ya hemos dicho, debe representar entre el 15 y el 30% de la ingesta calórica total diaria. Consumir una insuficiente cantidad de grasa puede crear algún problema, como la inadecuada ingesta calórica para el deportista. Es apropiada una cierta cantidad de grasa en cada comida, pero evitando los fritos, comidas grasientas, aceitosas o con mantequillas.

  
Las vitaminas y minerales son importantes para muchas reacciones metabólicas, pero no proporcionan energía. Con una dieta variada y de productos naturales, sin procesar, el requerimiento de estos elementos debería estar prácticamente cubierto excepto en las épocas de mayor entrenamiento o cercanas a la competición.

  
Los fluidos necesitan también ser destacados como parte de una dieta saludable, especialmente para los deportistas. La correcta hidratación es la ayuda más frecuentemente ignorada para el rendimiento deportivo. Los fluidos son necesarios para regular la temperatura corporal y prevenir el sobrecalentamiento. Si un deportista pierde entre 1 y 2 litros durante la práctica deportiva, tendrá menor capacidad para reducir la temperatura corporal. Este desequilibrio en la regulación de la temperatura recorta el rendimiento y puede causar otros problemas más graves. Los líquidos también transportan energía, vitaminas y minerales a través del sistema circulatorio y son necesarios para todas las funciones orgánicas. Los deportistas deben beber cantidades copiosas de líquidos antes, durante y después del ejercicio. La micción frecuente y clara es un signo de que se ha bebido bastante. Para actividades de resistencia que duran más de 2 horas, el rendimiento no depende sólo del balance hídrico, sino también de los niveles de glucosas en sangre. Para esto las bebidas isotónicas proporcionan pequeñas cantidades de azúcar y sales minerales y proporcionan una ventaja de rendimiento respecto a beber agua sola.

Carga de carbohidratos
Un alto rendimiento sólo se consigue manteniendo los almacenamientos adecuados de carbohidratos, lo cual sólo es posible comiendo de manera adecuada. Pero conseguir aumentar estos depósitos requiere planificar antes, durante y después del ejercicio.

Ya hemos dicho que los carbohidratos se transforman en glucógeno, que se almacena en los músculos y el hígado, y que a su vez se transforma en glucosa para ser el carburante durante el ejercicio. Si la actividad lo requiere, las reservas pueden ser utilizadas durante 2 horas. Si no se restablecen el resultado será la aparición de la fatiga precoz. La clave para aumentar el rendimiento en las actividades de resistencia, entre las que se encuentra el montañismo, a través de la nutrición es comenzarlas con los máximos niveles de glucógeno en los músculos, con lo que el rendimiento será mayor y durante más tiempo.

El método tradicional consiste en un vaciamiento completo de los depósitos de glucógeno a través del ejercicio una semana antes de una prueba importante y reducir drásticamente la ingesta de carbohidratos en los siguientes días; tres días antes de la prueba se cesa el entrenamiento y se va aumentando a su vez la ingesta de carbohidratos hasta el punto de que constituya el 90% de la ingesta calórica . La privación de glucógeno en los músculos hace que se absorban los carbohidratos de una manera concentrada, lo que aumenta el rendimiento. Esta manera, si bien es la más completa, tiene efectos indeseables como pueden ser vértigos, mareos e irritabilidad en la fase de vaciamiento de los depósitos de glucógeno.

Una técnica más actual elimina estos efectos indeseables perdiendo un poco de rendimiento. En ésta se ingiere una dieta mixta normal con una ingesta de aproximadamente el 50% de calorías proveniente de los carbohidratos y se reduce el entrenamiento durante este periodo. A continuación los 3 días previos a la competiciones sigue una dieta alta en carbohidratos (70% de calorías totales) y descanso el día anterior a la prueba. Los resultados son muy cercanos a la carga-descarga tradicionales aunque no existe el fenómeno de súper-compensación que es el que hace almacenar mayor cantidad de carbohidratos previendo futuros estados carenciales como el que hemos sometido al organismo, aumentando, de esta manera, los depósitos de glucógeno.

Un consumo que exceda los 600 gr. de carbohidratos no proporcionará concentraciones mayores de glucógeno y este exceso probablemente se transformará en grasa.

Los hidratos de carbono deberán ser complejos, ya que proporcionan más concentración de glucógeno que los hidratos de carbono simples.

Se debe hacer una comida unas 3 a 6 horas antes de una prueba. Esta comida debe proporcionar entre 75 y 150 gr. de carbohidratos para suplementar los depósitos de glucógeno. Como las proteínas son virtualmente inútiles como fuente de energía, deben representar una parte muy pequeña de la comida precompetición.

Se deben elegir alimentos familiares y de fácil digestibilidad. Las comidas líquidas son las más convenientes por su rápida absorción, pero deben probarse en los entrenamientos y no el día de la prueba.

Dieta base
Debe constituir la dieta diaria del deportista. Debe ser equilibrada y variada. Los productos precocinados, las frituras, las salsas, mayonesas y los pasteles deben ser esporádicos. Se recomienda hacer cinco comidas al día, tres mayores y dos intermedias.

Desayuno
200 cc. de leche semidesnatada con cereales, una pieza de fruta, un zumo natural.
Media mañana
Sándwich de jamón o queso fresco, con pan integral, una pieza de fruta o lácteo.
Comida
Una ración de 200 gr. de arroz, pasta o patatas. Ensalada variada. 150 gr. de carne o pescado a la plancha. Una pieza de fruta o lácteo. Una rebanada de pan.
Merienda
Sándwich de jamón o queso, o barrita de cereales, con algún fruto seco, pieza de fruta.
Cena
Verduras y algo de arroz, patatas o pasta. Huevos o pescado a la plancha. Pieza de fruta o lácteo. Rebanada de pan.

Esta dieta tipo puede ser la base de cualquier deportista y las variaciones sobre la misma son suficientes como para no hacer de la alimentación algo aburrido. Para subir o bajar de peso sólo deberíamos jugar con las cantidades.

 
Consulta en esta web el artículo Alimentación para Montañeros