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La ruta Haciendo Camino en Gredos del 26-4-08 será recordada durante
mucho tiempo por los que la vivimos.
La idea inicial era subir a La Mira, partiendo del Km. 6 de la carretera
que va a la Plataforma, y continuar por toda la cuerda hasta la
cumbre del Morezón, bajando luego por Los Barrerones hasta la Plataforma.
Se planificó la logística de los coches, puesto que el punto de
partida y el de llegada eran diferentes.
Pues con esa intención quedamos bien temprano porque el viaje de
aproximación desde Madrid es largo, alrededor de hora y media. La
expedición la formábamos Virky, Santi, Angel F, Paco, Fran, Edu,
Periko y Cristina. Se había decido de antemano que llevaríamos raquetas,
crampones y piolets, ya que había nevado mucho pero en los últimos
días había hecho mucho calor, con el consiguiente reblandecimiento
de la nieve. Allí, sobre el terreno, decidiríamos qué material llevar.
El día era espléndido y prometía ser caluroso, así que decidimos
dejar crampones y piolets y llevar solo las raquetas. Como la ruta
era larga, unos 30 km., cualquier peso adicional inútil podía ser
una carga que pasara factura.
Iniciamos la ruta a las 10,23 h. partiendo del mencionado Km. 6,
habiendo dejado el coche de Edu en la Plataforma como apoyo para
la vuelta. Al principio no hubo problema, pero la nieve se iba acumulando
según ganábamos altura. Cuando llevábamos como una hora y media
de marcha, Paco, que iba abriendo huella por una nieve blanda e
incómoda, decide que debemos ponerlos las raquetas. Y con ellas
anduvimos prácticamente el resto de la ruta. Se hacía difícil caminar
por esa nieve tan blanda, que incluso cedía bajo nuestro peso a
pesar de las raquetas que en ocasiones se llenaban de nieve a cada
paso. En cualquier caso, el avance se hizo a buen ritmo, dentro
de las limitaciones que supone andar con "pies de pato". Con el
grupo más o menos estirado, llegamos a La Mira: alrededor de las
14,00 h. Paco y Fran, que iban los primeros, y luego goteando todos
los demás, los últimos sobre las 14,15 h. Allí nos tomamos un descanso
que aprovechamos para comer y para que Periko nos enseñara sus últimas
adquisiciones de ropa de montaña, que había acarreado hasta allí
solo para mostrarlas al grupo. Con la profesionalidad que le caracteriza
y que es de todos conocida, hizo y deshizo varias veces el macuto
por este motivo.
Hacia las 15:00 h. nos pusimos de nuevo en marcha, con las dichosas
raquetas que ya nos tenían algo hartos. En las bajadas era una gozada
porque era casi como esquiar. Al estar la nieve tan blanda, te deslizabas
por la pendiente sin quererlo. Pero aquello iba ya pesando en las
piernas y hacia las 16,00 h. se hizo un alto para decidir qué hacer.
Aún quedaba un buen trecho al Morezón, que calculamos de al menos
tres horas con raquetas, más otras dos horas de bajada a la Plataforma.
Decidimos continuar hasta el Puerto de Candeleda, punto en el que
estaba la última vía de escape directa posible a la Plataforma,
y allí veríamos qué hacíamos. Efectivamente, cerca de las 17,00
h. llegamos al Puerto y vimos que nos quedaban más de dos horas
al Morezón. Tras debatir los pros y los contras de seguir o de bajar,
decidimos iniciar el descenso, que parecía fácil pues se llegaba
a ver el Refugio del Rey, ya muy cercano a la Plataforma. Nos quitamos
(¡¡por fin!!) las raquetas y tiramos para abajo. Aún había grandes
manchas de nieve blanda, en la que a veces nos hundíamos hasta la
rodilla, pero alternando con zonas de tierra y piedras que habrían
hecho inútiles las raquetas.
Llegamos al nivel del río, que bajaba muy caudaloso con el deshielo.
Teníamos que cruzar necesariamente el otro lado, que es por donde
va el camino del aparcamiento. No había puente por ningún lado.
Seguimos por la ribera derecha hacia abajo, en busca de algún puente
o, en su defecto, algún sitio por donde pudiéramos cruzar el río.
Ya veíamos los coches en el aparcamiento y el camino lleno de excursionistas
al otro lado del río. Nada. Imposible cruzar al otro lado. Nuestro
camino se fue perdiendo hasta degenerar en una impresionante pedrera,
llena de trampas en forma de manchas de nieve. Debajo de ellas había
grandes agujeros en los que realmente temíamos caer. El agua del
deshielo estaba por todas partes, unas veces visible y otras no.
Ya íbamos algunos con los pies empapados y nos importaba muy poco
mojarnos del todo con tal de poder cruzar el dichoso río. Era desesperante
ver tan cerca el aparcamiento y no poder llegar. No llevábamos una
cuerda con la que podríamos haber asegurado el cruce del río.
Pero a grandes males, grandes remedios. Paco, Ángel y Fran deciden
intentarlo por una parte del río que les pareció más "asequible".
Paco llevaba un cordino de apenas diez metros y con él intentaron
hacer una especie de pasamanos. Primero pasó Fran, que consiguió
llegar al otro lado con el agua helada y que bajaba con mucha fuerza
hasta la cintura. Paco y Ángel estaban dispuestos también a cruzar
por allí. Los demás no. Nos parecía demasiado riesgo. Decidimos
continuar bajando un poco más por la peligrosa pedrera, a veces
imposible, a ver si encontrábamos un puente o una zona que nos pareciera
menos arriesgada para cruzar. Nada. No había nada de nada. A todo
esto, ya Paco y Ángel habían cruzado también y, junto a Fran, nos
acompañaban por la otra ribera a ver si entre todos encontrábamos
un paso. Al llegar justo a la altura del aparcamiento, Periko, Edu
y Cris deciden que van a intentar cruzar por allí. De lejos parecía
que el agua llevaba menos fuerza que más arriba, pero no era así.
Virky y Santi no quieren pasar por allí tampoco y deciden seguir
río abajo por la ribera a ver si encuentran un puente.
Los demás preparamos el cruce del río. Para entonces ya se había
despertado una expectación tal entre la gente que había en la Plataforma,
que iban buscando las mejores localidades para no perderse el espectáculo.
Nos preparamos para cruzar, procurando poner a salvo dentro de los
macutos las cosas importantes. Fran cruza de nuevo para traer el
cordino y ayudar en la maniobra y, sobre todo, ayudar a cruzar a
Cris. Ahí ya nos dimos cuenta que había una poza importante cerca
de la otra ribera, en la que estaban Paco y Ángel. La primera en
cruzar fue Cristina, con la inestimable ayuda de Fran. Al principio
bien, porque los pies encontraban apoyo, pero en el último tramo
primero cae Fran a la altura de la poza, si bien consigue ponerse
de nuevo en pie y recuperar el equilibrio. Luego cae Cris y la fuerza
del río la arrastra haciendo imposible para ella recuperar el equilibrio.
Fran la sujeta con fuerza de la mano y consigue acercarla a la orilla
para que Ángel y una chica que estaba allí a ver si podía echar
una mano, tiraran de ella hacia afuera, mientras Paco sujetaba el
cordino que también ayudó a que Cris no fuera río abajo. A salvo
por fin. Luego pasó Edu que, casi sin despeinarse, consigue pasar
con el agua al pecho sin llegar a caerse. Y por último Periko, que
sí cayó, arrastrado por la fuerza de la corriente. Él sí que se
metió del todo en el agua helada. Entre todos consiguieron ayudarle
para que llegara a la orilla empapado, pero a salvo. En realidad
acabamos todos empapados y helados.
A todo esto, Virky y Santi seguían río abajo buscando un paso más
cómodo y menos arriesgado, ajenos a todo lo que estaba ocurriendo
río arriba. Nos dijeron en la Plataforma que había un puente a dos
kilómetros y se lo hicimos saber por el walkie. Bajamos Edu, Ángel,
Fran y Cris en el coche de Edu al Km. 6 para coger otro coche y
subir a por Paco y Periko y recoger a Santi y Virky cuando cruzaran
el puente. Esto hizo Cris, mientras los demás se cambiaban y se
ponían ropa seca. Tras recoger a Paco y Periko, que bajaban por
la carretera para no quedarse helados, entraron por un camino de
vacas con el coche para bajar a por Santi y Virky. Allí Santi casi
tuvo que hacer unos pases toreros a las vacas, que le miraban insistentemente.
Finalmente, conseguimos reunirnos todos sanos y salvos en el Km.
6 hacia las ocho y media de la tarde. Los que teníamos ropa y calzado
de repuesto nos cambiamos y los menos previsores, como Periko, tuvieron
que conformarse con remedios caseros y cosas prestadas. Fue también
el momento de hacer recuento y darnos cuenta que en toda esta refriega
se habían perdido dos bastones y otros dos se rompieron o dañaron,
quedando totalmente inutilizados. También desapareció un Walkie
de Periko, que debió de irse río abajo y ahora puede que esté en
algún pantano o camino del mar.
En fin, una aventura difícil de olvidar, de la que hablaremos mucho
tiempo y muchas veces. Lo mejor, como siempre, el ambiente del grupo,
la camaradería y la solidaridad.
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