Mis comienzos en la montaña

Alfredo Martínez
Recuerdo muy bien mis comienzos en el mundo de la montaña hace 35 años. En aquellos tiempos nadie empezaba a escalar directamente sino que primero había que curtirse haciendo marchas por la sierra de Guadarrama cada vez más duras: Camino Schmid, Peñalara, La Maliciosa, Siete Picos, Cuerda Larga, Cuerda de la Mujer Muerta... No se utilizaban aún las palabras 'trekking' o 'senderismo'. Se dormía en el refugio Zabala, en el Pingarrón, en la capilla de la Virgen de las Nieves de la estación de tren del Puerto de Navacerrada o en vivac. Una vez estabas fogueado en ese mundo se pasaba a la escalada porque era el camino natural, otros seguían en el excursionismo.

En mi caso el cuerpo me pedía más riesgo una vez conocidas casi todas las marchas posibles por la sierra. Empecé haciendo vías sencillas en la Pedriza de Manzanares. Debo aclarar que se escalaba con cletas que eran las botas que se utilizaban para andar también y no se conocía el arnés. El encordamiento era a la cintura directamente con el famoso nudo as de guía doble. Vías como la sur del Cancho de los Muertos, Sur del Pajarito, La Campana, La Vela, Walkiria e Higinios del Yelmo, La Félix y el Espolón en Peña Sirio, La Pared de Santillana, alguna en las Buitreras... Por supuesto se iba a hacer vivac al Tolmo y se dejaba allí la mochila mientras ibas a escalar (como para dejarla ahora todo el día).

Conseguir el material no era fácil. Éramos socios de un club, Aralar, que es donde nos prestaban la cuerda y los clavos ya que en aquel tiempo nadie tenía material. Más adelante compramos una cuerda entre tres.

Un buen día decidimos, creyendo que ya estábamos preparados, dar el salto a la escalada de dificultad. En ese momento ese salto venía representado por la Sur del Pájaro, vía difícil y con un extraordinario prestigio que hoy todavía conserva. Es la clásica de clásicas de la Pedriza, la que todo el mundo debe hacer alguna vez en su vida. Antes de hacer ésta pensamos hacer la Rivas Acuña, también del Pajaro. Salíamos tres personas: Un tal Pedro, otro al que le pusimos el apodo de Pepe el Trágico y yo. Este Pepe nos venía todos los sábados, mientras íbamos en el autocar a Manzanares, contando algún galletón de algún conocido suyo escalando la semana anterior. Yo, a veces, hasta dudaba que fuera verdad, de ahí el apodo... El caso es que la Rivas empieza en un paso sobre un árbol desde donde en artificial sobre un taco entrabas en un canalizo de IV donde había que clavar para protegerse. Cuando Pepe, que iba de primero, llevaba 12 metros se cayó hasta abajo haciendo la cremallera con los tres clavos que había metido y yendo a caer donde estabamos nosotros de espaldas sobre el árbol. Pensé que se había quedado parapléjico. Mientras mi compañero le cuidaba yo me fui corriendo, a saltos, a por la patrulla de la Cruz Roja que en aquellos tiempos estaba en la pradera de los Lobos. ¡¡Menudo susto!! Por fin, Pepe pudo contar una tragedia sobre sí mismo; aunque se recuperó, nunca más volvió a escalar.

El siguiente sábado mi compañero y yo hicimos la Rivas, eso sí, acongojados, pero bien. Y ya la próxima semana nuestro sueño: La Sur del Pájaro. El primer paso era crudo. Era la placa del Jaboncillo. El nombre ya dice cómo resbalaba. Tuve dos caídas. Hoy día, con pies de gato y un parabolt que hay arriba a la izquierda, se sube fácil. Después, una pequeña canal a la derecha y una travesía a la izquierda para entrar en la chimenea. En la travesía estaba el paso del Golo que se daba poniendo un estribo y ya estabas en la chimenea, incomoda un poco, donde había que meter dos clavos y llegabas a una repisa desde donde dando unos pasos aéreos en X, entrabas en una canal a la derecha muy arrastrada de V que te dejaba en la primera reunión. El siguiente largo es una bavaresa doble que se daba bastante bien y llegabas al tercero, un canalizo corto que al final se ponía vertical. A mí, curiosamente, me resultó más fácil con cletas que, años más tarde, con pies de gato. Luego el Dulfer hasta el Escudo. El Escudo hoy día casi todo el mundo lo hace en libre, 6b, muy crudo; en aquellos tiempos eso era absolutamente impensable. Se metían dos clavos y un taco, había algunos clavos ya metidos y se hacia en A1, artifo puro y duro. De allí a la fácil placa de la cola y cabeza del Pájaro y cumbre.

Estábamos exhultantes, ya habíamos entrado en el grupo selecto de gente que había escalado esa vía. Ya pertenecíamos al grupo de los "lolos" de aquella época: El Ardilla, Loquillo, Lucas... ya éramos muy buenos, pensábamos.

Pronto nos dimos cuenta, un fin de semana después, que éramos unos "mataos". Fue en el Cancho Amarillo, en la vía Ayuso. Allí nos cagamos vivos en la inhumana chimenea de salida de V+ (graduación antigua). Recuerdo muy bien: tres horas para 15 metros, terrible.

Así es como empecé en el mundo de la escalada. Con el paso del tiempo fueron cayendo más clásicas, como la Este y Oeste del Pájaro y otras que lo fueron más tarde, como la Fulgencio y Tito del Hueso, La Hermosilla y Guirles del Yelmo (mi favorita), algunas en los Galayos de Gredos...

Hasta que perdí la cabeza por una mujer y entonces, como dice el bolero, lo dejé todo por ella... Pero esa es otra historia.

13 de marzo de 2006