Los crampones son unas armaduras metálicas acabadas en
puntas que se enganchan a las botas para evitar resbalones. Siempre
que andemos por nieve dura o hielo debemos llevarlos. Son,
sin lugar a dudas, el elemento que más seguridad proporcionan
en la montaña invernal.
A la hora de elegir los crampones hay que pensar en el binomio
bota-crampón. Ambos deben formar una unidad homogénea.
Según sea la bota, y su uso, así deben ser los crampones.
Al comprar crampones debemos ir a la tienda con las botas, y verificar
que ambos encajan a la perfección.
La longitud de los crampones es regulable, mediante algún
tipo de pasador o tornillo, para así ajustarse al tamaño
de la bota.
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Algunos modelos están fabricados de acero. Otros de aluminio.
Los primeros son más resistentes, pero pesan más
que los segundos.
Al andar con crampones es fácil que nos enganchemos y desgarremos
la polaina de una pierna. Para evitar esto, se procura caminar con
los pies algo más separados de lo normal.
Las puntas
Hay modelos de 10 y 12 puntas, siendo los de 12 los más
usados.
Las dos puntas delanteras son casi horizontales, para facilitar
clavarse en pendientes muy elevadas o para escalada en hielo.
Las dos siguientes puntas también suelen tener cierta inclinación
hacia a delante, dependiendo de los modelos.
El resto se distribuyen a lo largo del crampón por su parte
exterior. Algunas puntas pueden tener una disposición perpendicular,
para facilitar el frenado en las bajadas.
Las puntas suelen tener una longitud alrededor de 3 cm.
Tipos
Según sea el sistema de sujeción se distinguen tres
tipos:
De
correas: Sirven para todo tipo de botas. Tras encajarse en éstas,
se sujetan mediante una cinta que cruza la bota por arriba. Las
cintas se abrochan con un sistema de doble anilla. Los más
modernos llevan en la parte delantera una pieza de plástico
duro donde se encaja la puntera, simplificando la sujeción
de la correa.
Automáticos:
Sólo sirven para botas con la suela rígida. Se enganchan
con un sistema semejante al de los esquís, gracias a unas
hendiduras en la parte delantera y trasera de la bota.
Semiautomáticos:
Combinan una sujeción automática con una correa.
Sólo para botas de suela rígida.
Según sea su estructura se distinguen dos tipos:
Rígidos:
De una pieza. Para botas de suela rígida.
Articulados:
Una pieza delantera y otra trasera, permitiendo cierto movimiento
entre ambas. Para botas de suela semirígida.
Anti-zuecos (anti-boots)
Tras caminar largo tiempo por la nieve, ésta se puede acumular
entre las puntas de los crampones, aumentando el peso que debemos
arrastar y dificultando el clavado de las puntas.
Para evitar este efecto no deseado, se utilizan unas planchas
de caucho bajo los crampones, sujetos a las puntas. Son los anti-zuecos
o anti-boots. Debemos llevarlos siempre, ya que son un añadido
a nuestra seguridad y comodidad.
Transporte
En la parte de la ruta que no usemos los crampones, debemos transportarlos
en la mochila. Si no los protegemos, las puntas pueden fácilmente
desgarrar cualquier cosa. Dos sistemas:
Pulpo
de plástico con tapones individuales para cada punta
Bolsa
de material rígido con el tamaño justo para guardar
ambos crampones
Mantenimiento
Al acabar la ruta, no debemos guardar los crampones húmedos
ni sucios.
Debemos lavarlos con agua corriente, dejarlos secar al aire, y
engrasarlos con un poco de aceite.
Periódicamente conviene comprobar el estado de las correas
y los antizuecos, y cambiarlos cuando empiecen a estropearse.
Cuando las puntas se desgastan, se pueden afilar: las laterales
por sus partes delantera y trasera; las puntas anteriores, por
los laterales. Hacerlo con una lima de corte suave. Una punta
muy afilada es más eficaz en el hielo, pero a la larga
dura menos.
Los precios de los crampones oscilan entre 60 y 125 euros.
Entre las marcas más conocidas se encuentran Salewa,
Charlet Moser, Grivel, Cassin, Simond, etc.
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