Gafas de montaña
Necesitamos proteger nuestros ojos con unas buenas gafas, tanto de la luz intensa como de las partículas en suspensión que puede haber en el aire, especialmente en días de viento.
Lo más importante es la calidad de la lente. Los aspectos estéticos deben quedar en un segundo plano a la hora de comprar. Sin embargo sí debemos tener en cuenta la comodidad, ya que son muchas las horas que llevamos puestas las gafas.
Si andamos sobre nieve en un día soleado, el uso constante de las gafas de sol es absolutamente imprescindible, ya que la luz blanca del sol reflejada en la nieve irrita nuestros ojos rápidamente.

La luz es una onda electromagnética. Según su longitud de onda (inverso de la frecuencia) se clasifica en:
   Luz ultravioleta (U.V.): longitud de onda menor que 400 nm.
   Luz visible: longitud de onda entre 400 y 780 nm.
   Luz infrarroja: longitud de onda mayor que 780 nm.

La luz U.V. es muy perjudicial para el ser humano, ya que, además de broncear la piel, produce eritemas (quemaduras de primer grado) y puede generar cáncer de piel y otras afecciones en los ojos. Gran parte de ella se absorbe en las zonas altas de la atmósfera, gracias a la capa de ozono.

Las gafas de montaña deben:
    Eliminar completamente la radiación U.V.
    Atenuar la luz visible.
    Atenuar o eliminar la luz infrarroja.

Según el nivel de atenuación, las gafas se clasifican en:
    Categoría 0 : Atenúan entre 0 % - 20 %
    Categoría 1 : Atenúan entre 20 % - 57 %
    Categoría 2 : Atenúan entre 57 % - 82 %
    Categoría 3 : Atenúan entre 82 % - 92 %
    Categoría 4 : Atenúan entre 92 % - 97 %
Para la práctica de senderismo, montañismo y trekking se aconseja las de categoría 3. Sólo en condiciones muy extremas se necesitan las de protección 4. Éstas últimas están prohibidas para conducir.

Las lentes se fabrican de mineral o material orgánico. Los primeros son más resistentes y se rayan menos, aunque pesan más que los orgánicos.

Algunos modelos incorporan también protecciones laterales, de cuero u otro material flexible. Incluso los hay desmontables. Suelen tener pequeños orificios para que circule el aire y no se empañen los cristales. No sólo protegen de la luz, sino también del viento.

En condiciones de mucho frío y viento se usan gafas de ventisca, como las de los esquiadores, que al ser cerradas protegen más. Deben incorporar algún sistema para evitar empañarse.

Las gafas son bastante frágiles, por lo que cuando no se utilicen conviene transportarlas siempre en fundas rígidas.

Precios: entre 40 y 90 euros.
Entre las marcas más conocidas se encuentran Briko, Carrera, Julbo y Bollé.